jueves, 3 de septiembre de 2009

Tren Burra

Hola a todos, retomo el blog ya recuperado de salud, y con ganas de postear más a menudo, y de animaros a colaborar. La imagen corresponde a un libro de Garabito sobre el Tren Burra, aunque previamente en uno de la Camara de Comercio sobre el progreso en Valladolid ya hable había dedicado un capítulo, en este se centra en exclusiva el Tren Burra y todo lo relacionado con él. De esta forma no podia faltar la correspondiente cita a la poesía del abuelo "Elegía por un Tren", además de dedicarle unas páginas a su persona. Hoy coloco el poema tal y como ha sido publicado en esta edición, y a ver si otro día escaneo el resto del texto y alguna foto más. Un saludo para todos.
Romance completo de Leopoldo Cortejoso, titulado Elegía por un tren que compuso y leyó el día que se le entregaba el título de Hijo Predilecto de La Mudarra.



ELEGÍA POR UN TREN


TRENECILLO sin par de los Torozos
que corrías tranquilo por el páramo,
amigo de la encina y de la tierra,
del trigo, de la luz y de los pájaros,
filósofo del tiempo, cachazudo
contemplador de nubes y rebaños,
que llegabas sin prisa cada tarde
partiendo en dos las anchuras de los campos,
y que ruedas aún entre mis sueños,
y que vives aún entre mis párpados,
¿a dónde fuiste a sepultar tus huesos,
harto de hiel, de pena y de cansancio?
Sí, ya sé que la vida se renueva
y que en ceniza se convierte el árbol,
que el hombre mismo su furor apaga
en las manos de Dios. Pero, entretanto
¿cómo borrar de la memoria aún tibia
tu humilde efigie de sabor romántico,
trenecillo sin par de los Torozos
que corrías tranquilo por el páramo?.

Rocinante de hierros quejumbrosos,
Clavileño de leños mal juntados,
cómo ibas y venías por tus rieles
sin miedo al desafío de los galgos,
erigido en señor de la llanura,
con el rudo gemir de tu silbato
y el humo de tu máquina estirándose
sobre el azul prístino del espacio.
Cómo huían los bandos de perdices,
al llegar el otoño, ante tu paso,
y el perro del pastor te perseguía
y te miraban sin volar los grajos
y la misma cigüeña suspendía
su vuelo sobre ti, negro gusano,
para verte correr con parsimonia
seguro de tu tiempo y de tu espacio.
El viajero en la estrecha ventanilla
se cruzaba impertérrito de brazos
y se bebía el aire transparente,
contemplando con ojos asombrados
el mar de espigas que Castilla tiende
bajo la luz del cálido verano.


Alguna vez, ¡oh tren de los Torozos!
como quien saca fruto de un milagro,
reventaban tus coches de canciones
y de gritos; viajeros alocados
por contemplar los toros de Rioseco,
-seis Villagodios como seis centauros-
se apretaban en ti igual que sardinas,
tu anatomía frágil ensanchando.
Así te fuiste haciendo poco a poco,
en lugar de señor, triste vasallo,
con tu hollín, tu vejez, tu maquinilla,
cada vez más asmática, renqueando,
trenecillo sin par de los Torozos,
que corrías tranquilo por el páramo

Si pudiera otra vez hacerme niño
y buscar un refugio en tu regazo
y subirme al asiento de madera
que llevaban tus coches a lo largo
y asomarme a la estrecha ventanilla
para gritar adioses con la mano
y beberme la luz de la mañana
traspasada de risas y de pájaros
y reírme del hombre de la gorra
que alzaba la bandera autoritario
para decir que nuestro tren podía
lanzarse a la aventura sin reparo…
¡Qué importaba el hollín, el triquitraque,
la plataforma inhóspita, el canasto
donde media docena de gallinas
asomaban la cresta cacareando...!
Subir al tren también era una fiesta,
aunque el tren anduviese muy despacio,
Es la vida quien anda tan deprisa,
que al cabo de los sueños y los años,
un día, sin saber cómo, nos vemos
con recuerdos tan solo entre las manos,
Trenecillo sin par de los Torozos,
en sueño, en sombra, en humo te has quedado
amigo de la encina y de la tierra,
del trigo, de la luz y de los pájaros,
por donde tú corrías mansamente,
sin miedo al desafío de los galgos,
el tiempo, el tiempo aquél que tú burlabas,
su cosecha de ortigas y de cardos
ha ido poniendo como si pusiera
una cruz sobre un muerto ajusticiado.
Pero duerme tranquilo, no te importen
ni burlas ni crueles desengaños,
porque tu vives aún como fantasma
que cruza por los campos solitarios
y te siento rodar entre mis sueños,
rodar eternamente, sin descanso,
seguro de ti mismo porque sabes,
-filósofo del tiempo al fin y al cabo-
que siempre hay un viajero de la vida
desnudo de equipaje y aguardando.
Trenecillo sin par, yo te bendigo
en el nombre del Padre, desde el páramo.
1-X-1973


No hay comentarios:

Publicar un comentario